Quizá una de las consecuencias más profundas del burnout no sea únicamente el agotamiento y sus efectos colaterales, si no la desconexión interna qué trae consigo…

Cuando la energía comienza a agotarse, también puede reducirse el espacio interno necesario para preguntarnos qué queremos, qué necesitamos, qué nos importa y hacia dónde queremos dirigir nuestra vida. Se pierde nuestra capacidad de sostenernos.
Citando a Carl Jung, la individuación implica un proceso de acercamiento progresivo a una vida más auténtica: un proceso de diferenciación, y constitución de nuestra “esencia”, de tal manera que podamos descubrir quién somos y permitir desarrollar la personalidad, integrando distintas partes de nosotros mismos, reconocer aquello que habíamos dejado fuera y construir una relación menos condicionada por las expectativas externas.

Pero ¿qué ocurre cuando toda nuestra energía está puesta en sostener las demandas externas?

Ya no vivimos preguntándonos:

¿Qué quiero construir?

sino:

¿Qué tengo que hacer para llegar al final del día?

El “problema” es que la individuación requiere cierta disponibilidad psíquica. Explorar, crear, cuestionar, cambiar de dirección, reconocer deseos y entrar en contacto con partes desconocidas de nosotros mismos requiere energía y sin duda tiempo en total presencia qué sin duda es difícil conseguir con el ritmo de vida actual…

El burnout puede reducir precisamente ese espacio.

Y entonces aparece una paradoja:

seguimos funcionando, pero cada vez estamos menos presentes en nuestra propia vida.

Cumplimos.
Producimos.
Respondemos.
Resolvemos.

Pero poco a poco puede aparecer el sarcasmo, la indiferencia, la sensación de estar actuando en automático o incluso la dificultad para reconocer qué queremos realmente.

No porque nuestro propósito haya desaparecido.

Quizá simplemente ya no tenemos suficiente espacio interno para escucharlo…

De acuerdo a lo anterior podríamos plantear que el Burnout actuaría como una condición que puede interrumpir, obstaculizar o alejarnos temporalmente del proceso de individuacion.

Y cuando esa desconexión se prolonga, también pueden bloquearse otras cosas:

No necesariamente porque hayan dejado de existir.

Sino porque gran parte de nuestra energía está siendo utilizada para sostener una estructura que quizá ya no está en coherencia con nosotros.

Tal vez recuperarse no consiste únicamente en volver a tener energía para hacer más.

También consiste en recuperar suficiente energía para volver a escucharnos.

Y con esto dejar de hacernos esta pregunta:

¿Cómo vuelvo a funcionar como antes?

sino:

¿Qué estaba intentando sostener que me estaba alejando de mí?

Y ahí, paradójicamente, el burnout puede convertirse también en un punto de confrontación con la propia vida: una interrupción que obliga a mirar aquello que durante mucho tiempo pudimos sostener sin cuestionarlo…

No siempre necesitamos recuperar nuestra capacidad de seguir.
A veces necesitamos descubrir hacia dónde vale la pena seguir que este alineado con quien realmente somos.